lunes, 15 de agosto de 2016

LA IMAGINACIÓN TAMBIÉN VUELA.


De nuevo estaba en la cola de embarque para salir de Nueva York. No me apetecía nada volar sola otra vez. Recordé el viaje anterior en el que cuando llegué a mi asiento, estaba ocupado por un señor que se negaba a sentarse en el suyo, indicándome, en mal tono, que me colocara yo. Ante su tozudez, no estaba dispuesta a cambiar mi plaza, aparentemente igual, pero en el lado opuesto .No comprendía qué razón oculta le llevaba a oponerse. Fue necesaria la intervención del personal de la tripulación, con la advertencia de que no despegaban hasta que se cambiasen él y su equipaje. Era de mediana edad, raza negra y habló por teléfono en francés con alguien a quién llamaba papá. Refunfuñaba y provocó gran tensión, incluso miedo, a su alrededor. Estaba muy cansada, intenté relajarme y al poco me quedé dormida. Me pareció oír a un hombre quejarse y tuve un sueño en el que llamaban a un médico. Cuando desperté, el mencionado pasajero estaba al final del avión, en un asiento independiente con doble cinturón de seguridad cruzado. Parecía adormilado y alguien lo vigilaba. Me contaron que tenía fobia a volar, sufrió un ataque de pánico. Se orinó encima -añadió una chica a mi lado. Y dos pasajeros médicos tuvieron que atenderlo.
Esta vez llegué a mi sitio sin problemas. Era un vuelo de pocas horas. Llegaría de noche. Conecté mi tablet para distraerme con una película, era una versión inglesa con subtítulos en español. Al poco rato me dí cuenta de que mi compañero de asiento me miraba con insistencia. Yo intentaba disimular, pero de reojo notaba que no cambiaba la dirección de sus ojos, más hacia mis piernas que a mi cara. Parecía hispano y podría haberle dicho algo, pero no se me ocurría nada. Él tampoco hablaba. Temía quedarme dormida porque hacía poco que había leído un artículo, que me sorprendió, sobre abusos a mujeres en aviones. Así  que estuve todo el rato alerta hasta que se me cerraron los ojos. Me desperté con la música de una fiesta en la película que tenía puesta. El hombre de al lado seguía en la misma postura, con la cabeza girada para mi lado. Lo oí reírse. Lo miré y me dijo: “¡se han casado!” –señalando la pantalla.
En el aire. Foto de Carmen Quintero

domingo, 3 de abril de 2016

TE LLAMO CUANDO LLEGUE.


El estudiante hizo rápidamente su maleta, incluso dejó algunas cosas sin guardar.  Sin embargo, le resultaba mucho más pesada que varios meses antes, cuando llegó con una beca erasmus a aquella ciudad. Entonces le fue difícil cerrarla, rebosaba de ropa, comida de su tierra, objetos queridos y, mucha ilusión.
Llamó a la habitación de su compañero de residencia.
-Hola. ¿Puedo dejar aquí mis cosas un momento? Es que…
-Joao, ¿qué pasa?
-Voy a devolver las llaves de la habitación.
-Pero.. ¿te vas?
-Sí. Mi padre ha muerto por los atentados de Bruselas.
Martin, su compañero se quedó inmóvil, mirándolo.
-Resultó herido… Mi madre decía que mejoraría.
Martín lo abrazó fuerte, sin saber qué decir. 

Cuando Joao volvió de entregar las llaves, Martín cogió una mochila de su amigo y le dijo:
-Te acompaño. Vas en autobús al aeropuerto. ¿No?
Sí, sí. Gracias.
El camino, aunque corto, parecía interminable y el silencio calaba más que el frío, hasta que dijo Joao:
-He dejado algunas cosas en la sala multiusos, por si te interesa algo. Hay unas botas de nieve que compré en la tienda de segunda mano para mi padre. 
Martín le puso una mano sobre el hombro.
-Joao, lo siento mucho, no sabía nada. No he parado durante la semana santa… Vinieron… a verme.
-El también venía a verme. Tuvo que hacer escala allí. Tenía mucha ilusión por ir a los lagos y bosques nevados.
Hubo otro abrazo, un tímido adiós desde el andén, frases que no se llegaron a articular, lágrimas que querían salir, y ambos, separados por la ventana del autobús ahogaban dos palabras: ¿Por qué?
Camino en Finlandia. Foto: Carmen Quintero

viernes, 20 de noviembre de 2015

UN REGALO MUY CARO.-


Tuve que despedir a Cati, no tenía otra alternativa.
Unos días antes,  mi madre quiso que yo luciera, en la  boda de mi hermana, el collar de oro blanco y aguamarinas  que ella sólo se ponía en ocasiones especiales. Ella nos contaba que era un regalo de su madrina, tan rica como cariñosa, que lo compró en Tiffany  cuando estuvo en Nueva York.
La celebración se prolongó y yo volví muy tarde y cansada, no me entretuve en bajar al despacho por el estuche y  lo puse en mi tocador, junto al cofre de madera tallada. A la mañana siguiente me quedé dormida, así que me fui a trabajar a toda prisa.
Cuando llegué por la tarde, el collar no estaba. Revolvimos toda la casa por si distraídamente  lo habíamos guardado. No apareció. Cati era la única persona ajena a la familia que había entrado. Ella lo negaba rotundamente, entre lágrimas. Yo le repetía una y otra vez que habíamos perdido la confianza en ella, después de tantos años con mi familia, que no debía haberlo hecho por muy mala que fuera su situación. Añadí que no la denunciaba por caridad. También es cierto que estuvo mucho tiempo trabajando sin asegurar y no quería salir perjudicada. Mis hijas se cogían de su ropa al verla marchar. Yo les conté que tenía que irse para cuidar a su madre enferma.
Un cuñado policía hizo algunas indagaciones por su cuenta y, ni rastro del collar, o mejor, de la gargantilla. A veces la contemplaba en una foto enmarcada,  una elegante cadena, de la que colgaban cinco piedras del mismo tamaño y color que las pupilas de mi madre, rodeadas de pequeñísimos diamantes, o, seguramente, circonitas.
Durante meses y años estuve esperando que viniera a devolverlo o explicarnos, pero, nada. Sólo supe que al principio merodeaba por el colegio de las niñas, observándolas a la hora del recreo y tuvimos miedo.  Mi madre se sentía culpable por habérmelo prestado; yo, por haber provocado el robo; mi hermana, por ser en su boda; mi marido, por no haberla denunciado. Se convirtió en un tema tabú para la familia, hasta ayer.
Como mis hijas estaban de campamento, decidí regalar juguetes que no usaban y… ¡Dios mío!, ¡no podía creerlo!, en el fondo de un baúl encontré una muñeca con el collar puesto. Un frío me recorrió la espalda y salí hacia la casa de Cati. Las manos me temblaban al volante  y la humedad en los ojos me dificultaba la visión. Estuve a punto de volverme. Pero llegué. Al preguntar por ella, no sabían nada desde hacía tiempo. Había  vuelto a su país.
                                "Tiffany's Breakfast". By Blake Edwards.




sábado, 31 de octubre de 2015

TERMINARÁ GUSTÁNDOME.


En estos días, los cementerios de nuestras ciudades  abandonan su paisaje lúgubre, solitario y apacible por otro que, más bien, parece festivo. Su trascendencia gris da paso a flores multicolores y a un público variopinto que acude en grupos, cargados con cachivaches varios y amena conversación. Se encuentran familiares  y amigos que no se ven ni en la feria del pueblo y a esa romería llevan hasta a la abuela. Los niños también, que no hay con quién dejarlos. Hay quienes sólo acuden a su pueblo en esa fecha. Al principio por duelo, después para que no los critiquen, que hay quienes pasan lista al estado de las lápidas, y más tarde, por puro ritual. Es una forma diferente de echar el día, ver a los amigos de la infancia y después,  probar el primer mosto y un buen plato en cualquier tasca  o venta.
Creo que optaré por terminar en un cementerio, me parece más ameno que la cremación, no sea que me pase como a aquel vecino que, no queriendo incomodar a los hijos que emigraron con visitas de cumplido al camposanto, manifestó en vida su voluntad  de ser incinerado. La familia, pasados unos días tras su muerte,  con las cenizas en el salón de la casa, donde infundía cierta incomodidad, optó por enterrarlas bajo un árbol del jardín. Desde ese día, su perro, con el que nunca se le vio pasear, orina encima, no se sabe si por amor o por venganza.
Foto de EFE. Archivo

domingo, 24 de mayo de 2015

REFLEXIONANDO APARECIO LA NORIA.-


Erase una vez  un hombre bueno, responsable e inteligente, que desde muy  joven ejerció diferentes trabajos, incluso tuvo su propia empresa con otro socio. Como nunca dejó de formarse, trabajó muchos años en la Administración local y, por méritos propios, ocupó lo que se suele decir “un carguito”. Entre sus funciones estaba la de contratar personal de forma puntual para ciertas tareas concretas. Era una época en la que fueron a buscarle muchos amigos, conocidos y extraños. Unos en busca de trabajo, otros de asesoramiento, de información, aquel intentando agilizar un trámite o conseguir entrevistarse con alguien. En fin, todas esas gestiones para las que viene bien acordarse de un amigo.
Pero llegaron unos políticos que, injusta e ilegalmente, lo despidieron junto a otros muchos compañeros. A partir de entonces, empezó a sonar menos su teléfono, a no tener varios compromisos para tomar un café. Algunos compañeros y amigos se fueron apartando, incluso aquel que tanto repetía que era bien nacido porque era agradecido. Para quien gustaba de hablar con él e intentar obtener cierta información, parece que su compañía ya no era tan agradable…
Llamó a varias puertas. Empezó por los amigos y aquellos a quienes de una u otra forma había facilitado trabajo. Casi todos estaban muy ocupados o la crisis también les había pillado. Pero vio que a su alrededor había gente. Estaban los auténticos, los de verdad. También aparecieron otros nuevos. Incluso reaparecieron antiguos amigos a los que llevaba muchos años sin ver. Alguien a quién no conocía le echó una mano. Y comprobó que existe gente buena.
Hoy ese hombre tiene un poder que no todos consiguen: saber quiénes son sus amigos.
Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado y,  a veces, parece que la vida es una noria.
 

viernes, 3 de abril de 2015

TARDE DE VIERNES.-

 

Hoy he vuelto a mi barrio. Como cada año.  Las procesiones tienen el poder de convocar  a vecinos, antiguos y nuevos, residentes aquí y emigrantes, alrededor de su Cristo, de su Virgen y de su iglesia. Y allí estaban sus calles, como cada Viernes Santo, con balcones engalanados y fachadas recién adecentadas. Son ya décadas las que llevo acudiendo a la cita, siempre en el mismo sitio. Veía a mis vecinos, a sus hijos, nos saludábamos, y siempre ha sido grato el reencuentro. En alguna ocasión he reconocido en una joven a una amiga pero…era su hija, exactamente igual a ella cuando dejé de verla…  Muchos incondicionales  nos hemos repetido cada año y también, cada año, han dejado de verse algunos de los habituales.

Esta vez  he notado muchas ausencias, pero el sentimiento de ver al Cristo pasar por delante de la que era mi casa, compensa otras frustraciones. En el tiempo del desfile procesional, escenas de mi infancia por esas calles, por sus tiendas, entre sus personajes y en mi casa se agolpan desordenadamente. El descubrimiento de la vida, la familia, el colegio, las amistades, todo tiene su origen allí. Y me pregunto: ¿pueden unas personas por el hecho de comprar una casa adueñarse de mis sueños, mis ilusiones y fantasías? ¿Por qué no puedo volver a entrar y recrear mis juegos? ¿Qué habrá en mi rincón favorito? ¿Hay alguien que lleve ahora muñecas a la azotea?  Me da rabia pensar que nada de aquello ya me pertenece. En la escritura del inmueble, el notario debió añadir: “se le da licencia al vendedor y sus descendientes para entrar y soñar”


   
 

viernes, 6 de febrero de 2015

NI UN DIA SIN ÉL.-


¡Que mala suerte!  Sólo hace unas horas que no estamos juntos y me parecen una eternidad. Creo que no podré vivir sin él, después de tanto tiempo a mi lado. ¿Con quién hablo yo ahora?  ¿quién me hará reír? ¿Con quién jugaré por las noches antes de dormir? No sé qué había más si costumbre o  pasión,  pero noto tanto su ausencia…  Además,  incluso mis amistades las controlaba él. Quizás llevada por la comodidad, no se hacía una quedada  en la que él no interviniera…
Definitivamente, voy a buscar una solución. Ahora mismo salgo a comprar otro teléfono móvil.
 

jueves, 18 de diciembre de 2014

BRINDANDO, BRINDANDO...

Llevaba una rosa seca en el pelo, el vestido arrugado, el rimmel corrido, un pendiente en el bolso, una lentilla de menos y los zapatos de tacón en la mano. Al entrar en el ascensor se vio en el espejo, y esbozó una sonrisa bobalicona. “Dios mío, que no me vea ningún vecino”, se dijo.
Ya en la casa, se quitó la rosa, la que él le puso del florero de la mesa, en un sorprendente gesto que deseó que fuera sólo el principio.
De todas maneras, nunca la comida de empresa dio tanto de sí.
 
La grande bouffe. 1973
 

lunes, 8 de diciembre de 2014

JUNTOS


Ocurrió esta mañana. Llegué a la estación de Metro camino del trabajo y había en el andén una aglomeración extraña. Al acercarme, el gentío abrió paso a una camilla que era llevada por varios sanitarios del servicio de emergencias, en la que iba un señor intubado.
Pero lo que más llamaba la atención de esa imagen era un niño, de no más de nueve años, con una mochila a la espalda, que se agitaba y corría alrededor de la camilla, preguntando sin respuesta: “abuelo, abuelo ¿cómo estás?, ¡oiga! ¿se va a curar mi abuelo?”
Lo reconocí. Los había visto muchas veces juntos en el parque infantil de mi barrio, o caminando deprisa hacia la escuela, incluso en el centro de salud. Curiosamente, alguna vez me he preguntado: ¿quién acompaña a quién?
N. de R.: Esta vez no tuve que inventar, sólo contar lo ocurrido.
 

domingo, 23 de noviembre de 2014

¡VIAJEROS, AL TREN!


Estuvo a punto de quedarse dormida. Pero, apresurándose,  podía llegar a tiempo.  Caminó rápidamente hacia la estación, llegando antes que el tren que salía para Madrid. Era fin de semana y el andén estaba repleto, tanto de viajeros como de acompañantes.
Deambuló despacio entre la gente. Algunos viajeros eran rodeados por sus familiares. Otros iban solos, no los despedía nadie o quizá alguien con semblante serio, indiferente o de estar allí por compromiso. Observaba a todos, a los niños que se resistían a soltarse de alguna mano, a las madres que se deshacían en recomendaciones, a quienes disimulaban las lágrimas y quienes las exhibían, quienes ayudaban con las maletas y, sobre todo, no podía evitar el mirar a las parejas que se fundían en un beso interminable.
El tren paró sólo unos minutos y se marchó, como así lo hicieron los acompañantes y ella detrás, casi la última, como siempre, volvió sobre sus pasos. No podía remediarlo, desde hacía muchos años, desde aquella vez en que despidió en esa misma estación a aquel novio que nunca volvió, tenía una tendencia casi enfermiza, a acudir allí asiduamente. Al principio fue con la ilusión de verlo regresar, pero con el tiempo se dio cuenta de que observar las idas y venidas de los demás, sobre todo las despedidas, le recordaba que había vidas, planes, etapas… le hacía sentir algo.
La próxima vez vendré con la maleta –se dijo con firmeza.
 

domingo, 29 de junio de 2014

YA LLEGAN LOS TÁPER.-

Ya están volviendo a mi casa las fiambreras. Regresan vacías, a su armario, esperando expectantes nuevos viajes. Salieron impregnadas por el aroma del hogar, de la tradición y el cariño. Vuelven en maletas repletas de ropa actual, libros, apuntes, proyectos e ilusiones… Y algunos temores. Demasiados quizás viniendo en maletas tan nuevas y de tan vivos colores. Los traen manos lisas y suaves. Las mismas que apreté tantas veces al cruzar la calle y que -¡parece que fue ayer!- se quedaban dormidas rodeando uno de mis dedos.
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The Train Station in Anberes.Jorge Monroy.

domingo, 15 de junio de 2014

TONTERIAS, LAS PRECISAS.


La primera vez que entré en un colegio como estudiante de prácticas, estuve en  un aula de cuarto de primaria, donde enseguida se destacó uno de los chicos por su comportamiento alborotador y  bajo rendimiento. El profesor, D. Angel, que hacía honor a su nombre,  intentó justificarlo por la cercana y dramática muerte de su padre. Me interesé por el tema y me contó, con pudor y lástima, lo que el chico siempre callaba, que fue debido a una caída, en un intento de trepar por una pared del estadio para colarse a ver un partido de fútbol.
Esto me hizo pensar que hay una clase de muerte, tan triste como ridícula, que deberíamos evitar provocar, tanto por el hecho de jugarnos la vida por una simpleza como por la secuela  poco digna que se le deja a la familia. Si hay que morir de forma trágica y repentina, al menos que haya un hecho irremediable o una causa noble que lo justifique.
Este recuerdo me ha venido al saber la noticia de que una pareja de jóvenes ha muerto en Londres tras caer desde una terraza de un sexto piso donde, según un vecino, practicaban sexo. El hecho ocurrió durante una fiesta de fin de curso. Esto se ha prestado a comentarios jocosos que, mejor obviar por respeto a ellos y sus familias.
A menos que, como dicen las madres, nos pongan alguna droga en el vaso sin advertirlo, cosa difícil, dado lo caras que están las drogas, todos sabemos, o debemos saber, cuándo llega el momento de dejar  de beber o de  abandonar  cualquier comportamiento que implique un grave peligro. Es como un aviso que nos llega al cerebro mientras los otros nos animan a arriesgarnos y ofrecer “circo”. Pero ellos, al día siguiente también preferirán reírse de nosotros que ir a nuestro entierro…. ¡Tonterías, las precisas!

 

 

El entierro del señor de Orgaz. El Greco. 1588. Toledo
 

 

domingo, 25 de mayo de 2014

EL HOMBRE DE LA CARPETA.-


A menudo me lo encuentro por las mañanas. Siempre con una carpeta en la mano. Camina deprisa y decidido, como si fuera a alguna parte, a hacer una gestión que nunca se ve. Es mi vecino del tercero. Un hombre muy activo, educado, amable e ingenioso, pero al que a veces esquivamos ante el temor a que vuelva a proponernos otra reforma o mejora en el edificio. No todos disponemos de tanto tiempo como él.
En su plenitud física y psíquica, se le adelantó la jubilación mientras se retrasaban los nietos. Vuelve temprano del gimnasio y se le ve aquí y allá tomando café, con antiguos compañeros o compañeras, con alguien a quien encuentra más o menos casualmente…  A veces busca a los colegas que están todavía en activo, pero dice que siempre tienen prisa, que se marchan enseguida. Hace unos días, mientras desayunaba yo con una amiga, lo vi entrar en el bar con una señora. Mi amiga, un poco cotilla, me dijo que la conocía, que era una novia de juventud, de la que siempre parecía haber estado enamorado y a la que yo no le encontré ningún encanto. Pero seguro que eso da igual. Cualquiera sirve para echar un rato, entre una cosa y otra es la hora en que su mujer sale de trabajar.


Jean Béraud. Au Café

viernes, 25 de abril de 2014

LA MODA: UN DICTADO ENTRE TODOS.


Siempre pensaba que la moda era una invención de la industria textil para hacernos comprar aquello que no necesitamos y que sólo interesa a unos cuantos. Pero últimamente he cambiado de opinión. Observo esta primavera, muy esplendorosa  por cierto, y veo  a las personas como otro elemento más de la naturaleza, que cada estación renueva su aspecto, cambia de colores y se nos presenta distinta.
Igual que miramos con ilusión las primeras rosas de cualquier jardín cercano y los primeros azahares caídos en la acera, también nos entusiasma ver  las tiendas inundadas  de una nueva gama de colores,  propios de la temporada. Con frecuencia buscamos una prenda de ese color, del que que hacía tiempo que no llevábamos nada y que este año “está de moda”, alegrándonos de que aparezca. Y podemos llegar más allá, probándonos algún modelo nuevo, más ancho o más estrecho, o quizás más largo, pero que  nos da una imagen diferente. No es ni más ni menos que lo mismo que han hecho todas las generaciones, atribuido más a las mujeres por la versatilidad de su vestimenta. Cualquier  pueblo o grupo étnico que se estudie, viene identificado y representado por una forma de vestir concreta, lo que unido a las joyas y otros complementos nos da información sobre la época de qué se trata, la riqueza que pudieran tener  y otros datos relevantes.
Si bien nadie tiene por qué obedecer la última tendencia, desde  las hojas de parra, la ropa ha evolucionado constantemente y todos contribuimos algo a ello.


© Kristian Schuller


 


 

viernes, 4 de abril de 2014

MI HUERTO Y YO.-


En épocas de dificultades, como pasó  en la Gran Depresión del 29, durante la I y II Guerra Mundial, y las posguerras, surgen los llamados huertos comunitarios, huertos urbanos, o  de resistencia. Con esta crisis también; ya sea por subsistencia, ecología, moda o afición, somos muchos los que tenemos un trozo de tierra, o unas macetas, dedicados al cultivo de verduras.
Para mí ha sido un placer descubrir el contacto directo y continuo con la naturaleza, disfrutar del olor de la tierra mojada y pasar del romero a la yerbabuena y del hinojo a la albahaca. Descalzarme, pisar la hierba,  plantar semillas y tocar los frutos que están creciendo me recuerdan que la evolución de cualquier ser, animal o vegetal, supera a todas las máquinas. Es constatar que la felicidad está en las cosas sencillas y ponernos en contacto con lo que hicieron tantos hombres para alimentarnos, los agricultores, desde toda la historia de la humanidad, a la vez que reconocer lo duro de ese trabajo hecho a gran escala.
Claro que no todo son satisfacciones y hay que quitar las malas hierbas, que como los malos compañeros o las amistades tóxicas, te quitan o perjudican el terreno y he librado varias batallas con los caracoles, debiendo admitir que algunas las han ganado ellos .
Ayer entré en la cocina orgullosa, abrazando un gran manojo de hojas  verdes, húmedo todavía y manchado de tierra. Mis hijos al verme exclamaron al unísono: “No, otras vez acelgas, no, por favor. Nos negamos". Y calentaron una pizza, sin que yo pudiera remediarlo.     
  
Bodegón de Juan Sánchez Cotán. Museo de S. Diego (California)
 

domingo, 23 de marzo de 2014

ALREDEDOR DE LOS CAMINOS.-


Que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, nadie lo duda. Pero nuestros aparatos  de GPS  preguntan, muy acertadamente, si queramos tomar el  camino más corto o el más rápido, pues no siempre coinciden. Una carretera estrecha o  aglomeraciones de tráfico, nos hacen decidirnos por el más rápido.
De la misma manera, muchas personas abandonan el camino más corto para alcanzar metas importantes en sus vidas. Así, todos sabemos de quien para procurar el amor de una persona, en lugar de manifestárselo directamente, prefiere antes hacerse miembro de su  círculo de amistades o acudir a los lugares que frecuenta. Igualmente ocurre en el terreno laboral. Conocemos sujetos que,  cuando pretenden alcanzar un puesto más o menos  relevante,  no buscan la forma de opositar o formarse, para hacerse merecedor del mismo, que en teoría sería lo más corto. Ellos frecuentan los bares o clubs sociales del delegado o ejecutivo responsable del asunto y si es necesario, se hacen del mismo equipo de fútbol o partido político, para así, después de muchas vueltas alrededor del sujeto, haber conseguido su confianza y a ser posible su agradecimiento en alguna cuestión, que le lleve a lograr su objetivo.  Los mismos medios se utilizan para conseguir cargos en partidos políticos, asociaciones y otros grupos. Antes de presentarse a unas elecciones, se aseguran su sitio con estas artes.
Euclides nos habló de Geometría, que estudia el espacio, pero en nuestra vida cuenta mucho el tiempo y a menudo se toma el camino rápido, que no el recto.
Curva del camino en el bosque. Paul Cezanne

sábado, 8 de marzo de 2014

OTRO DÍA.-


Aquella mañana, al despertar, ella notó un calorcillo que le anunciaba la primavera. Estiró el brazo y notó vacía la otra mitad de la cama. No recordaba si oyó salir a su marido. Empezó la rutina diaria de despertar a los niños, desayunos y llevarlos al colegio, con las habituales prisas y regañinas.
Al volver, le pasó por la cabeza la idea de que otra vida era posible. Hacía tiempo que no la contrataban ni para sustituir; la casa mostraba el mismo escenario de siempre: tazas del desayuno en la mesa o el fregadero, camas deshechas, prendas en el suelo del cuarto de baño…
Recogió lo más imprescindible con toda rapidez. Guardó en su bolso algunas cosas por si surgiera algún imprevisto. Retocó su aspecto y volvió al coche. Tras sacudir con el limpiaparabrisas algunos azahares que habían caído, se puso en marcha. A menos de una hora, tenía una amiga de la infancia a la que siempre podía acudir si tenía ganas de llorar, un antiguo amigo que siempre le hacía reír y, el mar. Un mar con un paseo  en el que cruzarse con otras personas, ya fueran al ritmo de un deportista,  arrastrando su melancolía, o surcando un corazón en la arena…
Paró para escribir un mensaje: “Llegaré tarde. Hay comida en el frigo. Ya te explico. Estoy fatal de batería”. Apagó el móvil y subió el volumen a la música de los Rolling.
 
Thelma y Louise. Año 1991

viernes, 14 de febrero de 2014

CUESTIÓN DE TACTO.-


-Adivina con quién estoy.
-¿Con Pablo?
-Síííí.
-¡No me lo puedo creer! Cuenta, cuenta.
-Me ha invitado a cenar. Estamos en el restaurante.
-¿Y qué te ha dicho?
-Todavía, nada importante. Nos hemos hecho una foto en la entrada y se la ha mandado a los amigos. Habla con ellos por whatsapp.  Les estará contando lo bien que está conmigo. Yo, alucino. ¡Por fin un sueño se hace realidad!
Adiós. Viene el camarero.
-Pásalo bien.
*      *     *      *
No sabemos si comerán perdices. Probablemente  llenarán las pantallas de sus móviles de emoticonos y corazones,  e insistirán con la letra “k” para decirse cuánto se quieren.
Algunas veces, menos de la precisas,  se mirarán a los ojos y más allá de los ojos, vibrará entre ellos algo más que el teléfono y liberarán sus manos de la electrónica, para sentir piel, sólo piel.

domingo, 22 de diciembre de 2013

OIGO VOCES.-

Hay un murmullo en tu casa, donde antes merodeaba el silencio. Es agradable, como la mejor melodía. Te llega al corazón y te alegra hasta el semblante. Son tus hijas. Han llegado y desde que se han encontrado no paran de hablar

viernes, 20 de diciembre de 2013

LA PAGA.-


¡He cobrado la extra de Navidad! Empecé a trabajar muy joven y después de muchos años, es la primera vez en que soy consciente de que mi paga de Navidad es algo extraordinario. Sí, esa que el dictador instauró para que los españoles hicieran lo propio en estas fechas y hace poco se dictó su anulación en nombre de la democracia.
Mi primer pensamiento al recibirla fue para mi familia. Ninguno de ellos la cobra. Después pensé en la familia de quienes se la han robado a los míos. Ni más ni menos que delincuentes. Tuve un deseo preciso y contundente para ellos.
Y por primera vez la voy a emplear deliberadamente, en parte, en gastos extraordinarios, a ser posible, placenteros.  Aunque cada mañana al despertar haya algo que nos haga olvidar que estamos aquí para ser felices, intentaré recordarlo en algunos momentos.
Otra parte irá a hacer un regalo a algunos que nos hacen la vida más fácil. También a quienes  necesitan ayuda. De aquí o allá. Hoy me ha llegado la cartita anual de la Asociación Amigos de los Leprosos. ¡Si, existen! Los he visto. Están ahí, un poco más abajo, en África.  Muchas  ONGs  también saben que ya el recibir ayuda es un hecho extraordinario.
Y levantaré mi copa para brindar con vosotros, los que tenéis la amabilidad de leerme. Los que, algunos sin conocerme, me habéis hecho sonreír alguna vez este año, o me habéis contado vuestras inquietudes y alegrías. Eso sí, con vino de Jerez. Los hay para todos los gustos: generosos, blancos, tintos, dulces... Todos exquisitos.
¡Salud,  amigos!    
           Madonna Litta. Leonardo da Vinci