Ellos se besaron apasionadamente, como siempre. Se amaron con el ímpetu y la ilusión del primer año de casados, como siempre. El la acarició suavemente, dejó la mano sobre su vientre, sin sospechar la incipiente preñez y se durmió sin advertir la maleta que alguien había puesto bajo la cama.
Al día siguiente, cuando el volvió del trabajo, tan sólo unos zapatos de tacón abandonados en el dormitorio, aquellos zapatos que tanto ruido hacían, hacían suponer que allí había vivido una mujer.
Recibió una llamada de teléfono, era un abogado.
sábado, 16 de marzo de 2013
viernes, 22 de febrero de 2013
EL CARNAVAL LLEGA Y SE VA.-
Recogí apresuradamente las caretas y los trabajos de
carnaval que estaban haciendo mis alumnos y a la hora del recreo me fui al
hospital con fundadas sospechas de que querías adelantar tu llegada a este
mundo. Ya de madrugada me avisaste, pero esperé por si era una falsa alarma, y
no fastidiar a nadie.
La abuela, en Cádiz, preguntaba si te habías decidido, para
llevar a tu hermana al carrusel de coros o esperar a que la recogiera papá,
pero no hubo dudas, en cuatro horas me encontré con tu preciosa cara.
Siempre me gustó decirte que, nacer en carnaval te había
impregnado de un ingenio y humor, de los que muchas veces has hecho gala y
conseguido premios con tus disfraces.
Y como naciste siendo la pequeña, siempre tuviste quien te llevara de la mano y a quien seguir, hasta que el almanaque marcó el momento de pedirte respuestas para las que tienes que explotar el ingenio, la agudeza y por supuesto, el humor.
Y como naciste siendo la pequeña, siempre tuviste quien te llevara de la mano y a quien seguir, hasta que el almanaque marcó el momento de pedirte respuestas para las que tienes que explotar el ingenio, la agudeza y por supuesto, el humor.
¡Feliz cumpleaños, amor!
jueves, 14 de febrero de 2013
VIVIANA
La recogí en
la estación de Jerez. Venía desde Argentina y hasta hace poco tiempo desconocía
su existencia.
Al verla,
advertí algún rasgo que me resultaba familiar. Le mostré una foto muy antigua y
tenía otra igual. Cuando le ofrecí consomé, me dijo que era “puchero”. Me
comentó que le gustaba el gazpacho, También me habló de Camarón y Caracol y
tarareamos a Serrat. La vi comprar las tortas de aceite que se consumían en mi
casa. Descubrimos que nuestros abuelos habían muerto de la misma enfermedad...
¡Qué grande
son los genes y qué profundas las raíces!
sábado, 2 de febrero de 2013
NO ME LO DIGAS DOS VECES
La ilusión y la inquietud acompañaban su camino. Aún
recordaba las palabras de ella,
vacilantes, pero cálidas: “… Estoy archivando fotos en el ordenador. Acabo
de pasar las de la comida de empresa y el curso que hicimos en Alicante. Estaba
pensando que si te animas, te invito a un café y las vemos juntos…”
Estaba seguro, siente lo mismo que yo, -se decía-.
Después de tantos años adorándola, ha llegado el momento. Ella ha sido
prudente, ha esperado a divorciarse antes de empezar algo conmigo…Habrá llevado
al niño con los abuelos para que estemos tranquilos…
Cuando se abrió la puerta de la casa, vio al hijo:
-¡Ejem!… ¡Hola Luisito! ¡Qué alto estás, campeón! ¿Y tu
madre?
-Hola. Me ha dicho que pases, que ha ido a comprar algo para
merendar. Oye, Antonio ¿tú eres informático los fines de semana?
-¿Yo?, no ¿por qué?
-Sí lo eres. Mi madre ha dicho que el único que podría
arreglarnos el ordenador hoy sábado sería Antonio
Corrada del Obispo. Eduardo Urculo.
sábado, 19 de enero de 2013
AMIGOS HASTA LA MUERTE
Aquel 21 de Enero yo había quedado con Elsa en el apartamento de
Cádiz, junto al Paseo Marítimo, para decidir el futuro de nuestra relación. Llegué por la tarde, no quería ser visto por los vecinos, pero coincidí en el ascensor con dos chicos que parecían estudiantes, estarian de alquiler y serían de los pocos que vivian allí en invierno. Uno le pedía al otro que le ayudara con algo que tenia que montar.
Elsa no llegó, y cuando intenté dormir, no me lo permitieron
la inquietud ni los ruidos de algún vecino. Pasé horas fumando junto a la ventana, aún tenía la esperanza de que apareciese en algún momento y
todavía de madrugada vi a uno de los chicos salir con ropa deportiva y una mochila a
correr. También lo vi entrar, oí puertas, mover muebles y vuelta a salir con la
mochila a correr. Quise subir a partirle la cara y descargar en él mi ira,
pero no estaba totalmente seguro de cuál era su piso y no debía hacerme notar. Cuando
bajé por tabaco, casi amaneciendo, el imbécil, con la misma pinta, tomó un taxi.
Unos dias después, mi mujer, horrorizada, me mostró un periódico: El pasado día 21 en el edificio de nuestro
apartamento de Cádiz, José
Juan, un estudiante de medicina, había
golpeado en la cabeza con la pata de una mesa rellena de arena a Javier, su
mejor amigo, tras taparle los ojos con la excusa de probar el sonido del equipo
de música. Seguidamente lo acuchilló hasta matarle. Lo descuartizó y esa madrugada lo transportó en una mochila, en varios viajes, hasta unas obras en el espigón de la Punta de S. Felipe. Conservó las manos en formol y envió una carta
a los padres pidiendo doce millones de pesetas (72.000 euros) como rescate de
su hijo supuestamente secuestrado.
Tardé en reponerme. Aquella noche de 1989, Javier perdió la vida, el asesino perdió a su mejor amigo;
el prestigioso arquitecto que diseñó nuestro edificio y su mujer, perdieron un
hijo. Y yo, perdí a Elsa. Afortunadamente, nadie me citó sobre el caso, hubiera
perdido también a mi mujer.
El Grito. Edvard Munch. 1893
martes, 1 de enero de 2013
AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.
Estando sentada en la sala de espera pasó una doctora a la que hacía
tiempo que no veía. Parecía ajetreada,
buscando pruebas o algo de un paciente que debería tener un problema. Advertí que
llevaba el pelo muy muy cortito y recordé que la última vez que oí un
comentario sobre ella fue en un tono preocupante. Estaba guapa y derrochaba
actividad, como siempre.
Cuando veo a una de estas mujeres, en su trabajo, llevando
los niños al colegio, en el cine, etc., me imagino que llevan sobre su cabeza
un surtidor invisible que nos va rociando de gotitas, con mensajes que nos
dicen: “lo vencí”, “se puede”, “hay
solución”.
Al rato volvió a pasar con su paciente, parece que le
resolvió el problema y creo que también a alguno de los que allí estábamos.
Frederic Bazille. El vestido rosa. 1864
martes, 25 de diciembre de 2012
CUENTO DE NAVIDAD
Hace tiempo que quería una nochebuena diferente y la he
tenido. Mi hijo, el que emigró, no ha venido a casa por Navidad, le hemos
visitado sus padres. He palpado el frío gélido, he bebido vino caliente y
brindamos con otros españoles, con esa alegría y unión que surge rápida cuando
estás solo en un lugar extraño y encuentras a un paisano.
Al final de la noche, mientras contemplaba el fuego, me
sorprendí echando de menos las canastillas de hojaldre rellenas de mi madre. Es
curioso, nunca pensé que me gustasen tanto, nunca la felicité por esta especialidad,
pero es la primera Navidad sin ellas y sin ella. A veces, es cierto que brillan
las ausencias y personas que se consideran a sí mismas poco relevantes, hacen
que cambie totalmente una reunión cuando no están. A otras, se les espera un
año y otro y cuando quieren unirse, ya aquella no es su fiesta. No ha habido
gritos ni voces de niños, ni una abuela desafinando con la pandereta, ni el
cuñado sabelotodo, ni el que se pasa de copas y da la lata, ni quien se va al
baño a la hora de recoger…
En fin, que cuando nos llega la nostalgia, echamos en falta
hasta lo que nos molesta, aunque
ha sido distinto, divertido, y con quienes más quiero.
¡Felicidades a todos!
La adoración de los Pastores. El Greco. 1614. Museo del Prado
miércoles, 12 de diciembre de 2012
UNA HABITACION SIN VISTAS
Y al otro lado de la ventana, nada de nada. Había
llegado hasta allí perfectamente, no parecía que estaba estrenando piso. Tal
como le había enseñado su familia, hoy había sido capaz de llegar solo al piso
nuevo. Abrió con la llave el portal a la primera, sin problemas con el
ascensor, ni con la puerta de la vivienda. Una vez allí anduvo diligente hacía
el salón, después, una prueba de reconocimiento por la cocina y de allí a su
dormitorio. Todo le resultaba ya conocido, pero al abrir la ventana, su ceguera
le impidió saber qué había delante y ningún sonido era diferente al de
cualquier otra calle.
Una habitación con vistas. Dir. James Ivory. Novela E.M. Forster
Día de Santa Lucía. Patrona de los ciegos
martes, 4 de diciembre de 2012
TE QUIERO
Hace mucho tiempo
decidí estudiar inglés, porque si algún día una voz interesante me decía por
teléfono: “I just called to say I love
you”, sería imperdonable no entenderme con él.
Pero durante años, sólo llamó un guiri una vez por error
y dado que la pronunciación británica no es fácil, abandoné la idea.
Preferí entonces aprender francés, ya que es
irresistible oir "Je t’aime" en la voz de
Jacques Brel o algún otro. Pero me di de bruces con la gramática y opté por
olvidarlo.
Siempre pensé que si un chicarrón de dos metros me soltaba “Ich
liebe dich”, creería que me estaba amonestando y no lo intenté con el alemán.
De todas maneras, si un guapetón, como los mejores patricios
de Roma, dijera “ti amo”, habría que saber italiano; pero dada la similitud con
el español, no me esforcé en ello.
A estas alturas de la vida de mi corazón, en el caso de que alguna vez
me encuentre en una situación sentimental de bilingüismo, he decidido que lo
mejor es pronunciar aquello que tanto gustó a Melanie de su Banderas: “te quiero una
jartá”. Y si por remilgo o por las circunstancias, debo dejar la “jartá”, pues
simplemente: “te quiero”, suena bien.
Dicho queda, a quien lo merezca.
La mujer de Rojo. Dir. Gene Wilder. 1984
sábado, 24 de noviembre de 2012
SÍ, MAMÁ
Ten cuidado. Mira bien antes de cruzar. Abrígate, que puedes
coger frío. Guarda bien ese dinero. ¿Se te olvida algo? Llámame cuando llegues. No te preocupes, yo
te recojo.
¿Te has tomado ya el cola-cao?
- Sí, mamá.
Cuarenta años después.
Ten cuidado. Mira
bien antes de cruzar. Abrígate, que puedes coger frío. Guarda bien ese dinero.
¿Se te olvida algo? Llámame cuando
llegues. No te preocupes, yo te recojo.
¿Te has tomado ya las pastillas?
¿Te has tomado ya las pastillas?
-Sí, hija.
Autorretrato Louise Elisabeth Vigée Le Brun con su hija. 1789. Museo del Louvre
sábado, 17 de noviembre de 2012
SE HIZO EL SUECO
El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español. Sin embargo,
lo contrataron como pinchadiscos en la discoteca del hotel español donde yo
trabajaba. Iba recomendado por Anselmo,
un gran amigo de mi marido, que conocía al director.
Me subyugó desde el primer momento. Era pelirrojo y yo no
podía resistirme, así que cuando Luis, mi marido, Anselmo y él, Erik, quedaban
para jugar al tenis o ver un partido, hacía cualquier cosa por aparecer por
allí. Me encantaba que viniera a casa. Empezamos a frecuentar la discoteca del
hotel por las noches. A veces se sentaba con nosotros un rato, yo con verlo y
tenerlo cerca, me conformaba, me gustaba oír su voz, aunque no lo entendiese,
pero me disgustaba que Luis y él hablaran en alemán. A pesar de que ninguno de
ellos parecía dominar el idioma, se
dedicaban largas parrafadas. Me quedaba tan absorta mirándolo, que temía que se
me notara. El también parecía querer comunicarse conmigo.
Un día me entregaron en recepción el teléfono móvil que Erik
se había olvidado en la discoteca. ¡Qué placer, tener algo suyo entre mis
manos! No pude reprimirme y me puse a curiosear. Me extrañó ver fotos con Luis
en sitios que yo no sabía que habían estado. Encontré mensajes amorosos, ¡en
español! ¿Tenía una novia
española?, pero mi desconcierto llegó a
la indignación y a la amargura cuando
comprobé que los mensajes pertenecían a mi marido.
Fui yo quien abandonó la casa y el trabajo. No podía vivir
cerca de ellos. Nunca averigüé desde cuando se conocían.
Horacio Diez. Carl Larsson
sábado, 10 de noviembre de 2012
AQUEL DOMINGO EN QUE NOS CONOCIMOS
Aquel domingo de Noviembre, me desperté indispuesta y
sobresaltada. Me asusté, pues noté por los síntomas que aquello iba en serio.
De hecho, un rato después me llevaron al hospital.
Yo había organizado una comida campestre, rociada con el
primer mosto de Jerez, con un buen grupo de amigos. Según avanzaba la mañana y
ante mi ausencia, la intuición o las noticias que vuelan, hicieron que se
fueran presentando hermanos y amigos en la habitación del hospital. No faltó
nadie.
Ellos se saludaban, charlaban, reían y hablaban de mí en
tono jocoso, ajenos a que yo no sabía qué hacer para calmar el dolor que me
invadía. Ni los consejos de los sanitarios, ni el gotero, sirvieron de nada. Tu padre no se atrevió a
despedir a las visitas y llegué a morderle en una mano llevada por la desesperación. Además, tenía mucha hambre, pero no me dieron
comida en previsión de una posible intervención con anestesia.
Por fin, a última hora de la tarde, en una aséptica sala,
donde una incómoda postura llevó mi sufrimiento al límite, sin que llegara la inconsciencia,
hubo un momento en que todo paró, sentí un vacío y todo se tornó en felicidad cuando el médico
te colocó sobre mí y sólo supe decir: “mi niña”, “mi niña”…mientras te sostenía
incrédula y papá grababa.
¡Feliz cumpleaños, hija!
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