domingo, 2 de septiembre de 2012

DESCONOCIMIENTO


Una señora, ordenando un mueble, saca una carpeta y se queda parada mirando  un retrato antiguo. Un niño se acerca y le pregunta:
-Abuela, ¿quién es ese hombre de la foto?
-Mi abuelo.
-¡Qué guapo! ¿Y te acompañaba al colegio?
-No, yo no lo conocí. Murió  muy joven, cuando mi madre era muy pequeña.
-¡Ah! ¿Estaba en el hospital? ¿No?
-No. Murió en la guerra.
-¿Y tú le llevas flores  como al abuelo, cuando vas al cementerio?
-No cariño, yo no sé dónde está.
-Pues pregunta. Papá a lo mejor lo sabe.
-No, hijo, no, nadie sabe dónde está.
-¡Cómo no lo vas a saber! Si los muertos no pueden moverse. Lo que eres una tacaña, que no quieres comprarle flores.
La mujer se agacha, y abraza fuerte al niño, ocultando el rostro.

Niño sentado con una carpeta. Francois Bonvin

viernes, 24 de agosto de 2012

ADIÓS, TÍTERES, ADIÓS.

Para los jóvenes de mi generación, la vuelta al cole está marcada con la Muestra de Títeres. El programa estaba entre libros nuevos, cartucheras y mochilas. Empecé a conocer el callejero de Jerez buscando de plaza en plaza el ansiado escenario. Me gustaban todos: de varilla, guante, sombras y lo que hubiera. Recuerdo algunos titiriteros que eran fijos todos los años y me alegraba reconocerlos, como una pareja, creo que de Zaragoza.

Mis padres se afanaban en colocarnos en un buen sitio y ellos se iban detrás, decían que a charlar, pero cuando yo me volvía para asegurarme de que seguían allí, los veía mirando atentos, cuando no embobados y se reían con los diálogos. Mi madre era una pesada aplaudiendo y la última en irse, pues siempre encontraba alguna antigua amiga que estaba con sus hijos. Entonces mi padre corría con nosotros a la siguiente plaza para encontrar sitio.

Me gustaba ver el Centro tan lleno, merendar o cenar en la calle y mi hermana y yo no nos sentíamos satisfechos hasta que poníamos en el programa la última cruz a la última función, pues eran varios días y daba tiempo. Alguna vez vino mi primo desde Cádiz a verlos y un año que tuvimos familiares de fuera de vacaciones en Septiembre, también disfrutaron de los títeres.

Este año me estrenaba como acompañante, le había prometido a mi primo pequeño llevarlo. Pero ayer me dijeron que se han suspendido y no entiendo por qué le aconsejan que se aficione al golf, que estará más distraído.

lunes, 20 de agosto de 2012

LA AVENTURA DE ERNEST

Al día siguiente de entrar Gran Bretaña en la primera Guerra Mundial, el 9 de agosto de 1914, zarpé del puerto inglés de Plymouth, junto a 26 compañeros a bordo del Endurance. No tenía miedo, no era mi primer viaje, aunque sí el más importante.

Al poco tiempo, el barco quedó atrapado. Pasamos meses en un campamento improvisado sin que nadie viniese a rescatarnos. No había llegado la época dorada de las comunicaciones y un país en guerra no puede velar por todos sus súbditos. Pasamos duras pruebas físicas y psicológicas de supervivencia. Llegamos a jugar al fútbol y hacer teatro a temperaturas extremas, para mantener la mente y el espíritu activos.  Los perros fueron parte de nuestro alimento. Recorrimos kilómetros andando cargando todo el material. Un grupo navegamos en un bote salvavidas hasta una isla, mientras el resto esperaba.  Después otra travesía de 1300 km. en otro bote abierto por uno de los mares más peligrosos del planeta. Ya habían pasado dos  inviernos de vientos y nevadas y llegó otro verano  cuando yo, Ernest Shackleton, junto a dos compañeros, sin mapa ni equipo  adecuado, cruzamos una montaña nevada hasta que encontramos por fin ayuda. Como el gobierno británico tardaría varios meses en rescatarnos, después de muchos intentos, el 30 de Agosto de 1916, en un barco chileno, recogimos al grupo que esperaba en la Isla Elefante.
No conseguí cruzar la Antártida como pretendía, pero fui considerado  el mejor líder de la historia de la aventura y la épica, que logró mantener vivo a todo el grupo, en las condiciones más adversas, llegando a altas cotas de superación del ser humano.
Foto: Frank Hurley

domingo, 5 de agosto de 2012

ELLOS


Ella no sabía muy bien qué hacía allí en casa de aquel amigo. El estaba recién llegado de vacaciones desde otra ciudad donde trabajaba últimamente. Se habían encontrado un rato antes por los alrededores y tras los saludos y comenzar a charlar, él la invitó a pasar.
Desde hacía varios años que se conocían, era la primera vez que estaban a solas en un lugar resguardado y ambos, sin confesarlo, habían deseado muchas veces que se produjera una situación así. El se mostraba inquieto como un muchacho, aunque no lo era. Ella, insegura  como una adolescente, que tampoco lo era. Él disfrutó enseñándole su rincón favorito y algunos objetos personales significativos. A ella le gustó verlos.
No se permitieron más placer que el de la conversación. Se sentaron frente a frente y terminaron hablando de trivialidades, mientras se observaban y se gustaban. Ella supuso que él estaría deseando encontrarse con aquella chica que siempre lo acompañaba últimamente y con quién parecía  muy entusiasmado. El pensó que ella no estaría para ningún tipo de proposición, después de hablarle de la enfermedad que le habían diagnosticado.
Cuando ella salió a la calle, la luz del sol le cegó la vista y también la mente. Creyó que aquello no había ocurrido, que fue solo un espejismo en su desierto.
Le déjeuner. Renoir. 1879

jueves, 26 de julio de 2012

INGENUO PERDEDOR.-


Aquella mañana el salió de su casa para trabajar, como siempre, a las 7,45, después de besar a su esposa y echar una mirada a los dormitorios de sus hijos. Repetía lo mismo cada día desde hacía 15 años. Anteriormente estuvo trabajando lejos y se sintió feliz cuando tras superar unas pruebas y méritos, consiguió ese puesto estable en su ciudad.
Al volver a su casa, se detuvo unos minutos con las llaves en la mano sin atreverse a abrir la puerta. No sabía cómo mirar a su mujer ni cómo explicarle a sus hijos que lo habían incluido, sin razón alguna, en el ERE de la empresa donde trabajaba.

domingo, 15 de julio de 2012

ESTO LO PAGAS TÚ

Erase una vez una familia que sufrió en su casa el robo de cierta cantidad de dinero y algunas joyas. Como no había señas de violencia, ni pistas, ni se detuvo a nadie, el seguro no les indemnizó.
Entonces se les ocurrió decirle a la asistenta que para recuperar esta pérdida estarían un buen tiempo sin pagarle. Como estaba interna, sólo tendría la comida y el alojamiento.
Ella no pudo hacer otra cosa. No tenía dónde ir y no encontraba otro empleo. Oía que otras personas negociaban despidos, cobraban el desempleo, cambiaban de empresa, pero no era su caso.
Pasado un tiempo oyó la noticia de que el gobierno había tenido una gran pérdida económica a través de los bancos, pero no lo pagaron los culpables. Entonces le quitaron parte del sueldo y derechos a sus empleados. Ella pensó que todo esto le sonaba, que ya lo había vivido.
El Fregadero. Giuseppe Crespi "El Español". 1720

sábado, 7 de julio de 2012


INSATISFECHO.-
El llegó a casa de una amiga a las 11 de la mañana. Tomaron un pequeño, pero dulce desayuno que ella había preparado y se dedicaron a sus asuntos.
A las 12, hubo una llamada perdida de su ex- mujer.
A las 12 y veinte, alguien llamó al timbre.
A la 1, comenzó a vestirse y despedirse lánguidamente.
A la 1,30 recogió a su hijo del colegio.
A las 2, recogió a su mujer del trabajo.
A las 2,10 se cruzó en un semáforo con aquella antigua compañera que tanto le gustaba.
A las 2,30 almorzó; como siempre, la asistenta había dejado sosa la comida.
A las 4, llegó a su centro de trabajo y al ver el lote de carpetas que esperaba sobre su mesa, murmuró: “¡qué rollo de vida, todos los días igual!”
El Pensador. Rodín. 1902

miércoles, 27 de junio de 2012

EL MAESTRO SUSPENDIDO

Javier llegaba todos los días a su casa comentando lo fantástico y listo que era su maestro. Contaba entusiasmado las maravillosas cosas que le enseñaba y que, sin duda, lo sabía todo.
Su hermano mayor, Jorge, adolescente narcisista, se mostraba muy celoso con estas afirmaciones de su hermano, pues siempre había pretendido ser su héroe, sin lograrlo.
Un día, que iban por la calle, Jorge lo llevó hasta la Escuela de Idiomas y en una lista de alumnos, le enseñó su nombre junto a la palabra “Apto”. Después le mostró a Javier otra lista donde junto al nombre de su profesor, figuraban las palabras “No Apto”.
Javier no le preguntó nada a su profesor destronado, ni éste contó nunca que le faltaba tiempo libre para dedicarlo a estudiar inglés, que en su momento no le enseñaron y que después le exigían sus superiores.
De todas maneras, los dos hermanos tardaron mucho en volver a hacer algo juntos.
Una lección de Andrés Bello. Simón Bolívar. Tito Salas 1930

miércoles, 20 de junio de 2012

SI ME BUSCAS, ME ENCONTRARÁS.


Cuando abriste los ojos por primera vez, tu mirada agradecía que tú y yo estuviéramos allí. Tu boca algún día no muy lejano me diría mamá. Te quedaste en la incubadora para aumentar el peso, mientras tu tía y yo tuvimos que irnos al pueblo. Cuando volví para verte y deseando recogerte, no estabas. Sor María me comunicó que habías enfermado gravemente y habías muerto. No pude verte ni entenderlo. La monja a modo de consuelo me dijo que cómo viviría el hijo de una madre soltera, sin medios y cuyos abuelos no querían saber nada de él.
Pero sí quisieron. Todos hemos dedicado años a indagar, solicitar, reclamar, rogar. Pero nadie nos ha dado nunca ninguna pista, sólo aumentaron las sospechas. Llegaron a llamarme loca. Creo que lo estoy, de desesperación. Hijo, ya lo sabes, no fuiste abandonado, fuiste robado hace treinta años. ¡Búscame! Por favor.

El nacimiento de la Vía Láctea. Pedro P. Rubens. 1637

jueves, 14 de junio de 2012

73 SEGUNDOS


El 22 de Enero estuvo programado el acto.
El 23 no pudo ser.
Tampoco el 24,  25, 26 ni 27, ya fuera por problemas con el clima, burocráticos, técnicos o de seguridad.
El día 28 por la mañana hacía 1ºC, peligroso para nosotros, algún ingeniero había mostrado preocupación al respecto, pero yo ya estaba con mi equipo dentro del habitáculo y todas las autoridades, incluido el vicepresidente del país estaban presentes. Cientos de periodistas y televisiones estaban pendientes de nosotros. La emoción y la ilusión me impedían valorar el momento. No podía creer que yo, Sharon Christa, una maestra, estuviese allí con aquellos personajes. Me sentía orgullosa por mis hijos, que me contemplaban.
A las 11,38 la máquina se puso en marcha. ¡Por fin! ¡Mi sueño se cumple!
73 segundos después sólo vi una bola de fuego y el transbordador espacial Challenger se desintegró.
El Océano Atlántico nos recogió ese martes de 1986.

jueves, 7 de junio de 2012

ESPERANZA


Un título de licenciado universitario, un doctorado, un máster, dos idiomas, un ordenador portátil, unos libros y CDs, ropa, un buen anorak, algo de embutidos y conservas, encerraba el joven en su maleta. Unos padres, dos hermanos menores, una novia, un grupo de amigos, un barrio, un club, un sol radiante quedaban atrás. Cuando llegó a aquella ciudad centroeuropea, la noche resaltó el frio y  la soledad que le esperaban, reflejándose en su cara. Su compañero de asiento, con el que había intercambiado algunas frases le dijo, a modo de despedida:
-Ánimo, hijo, mi padre vino con una maleta de cartón casi vacía y encontró un futuro, tú tendrás suerte.
Berlín. Vista panorámica y Catedral. Ernest Descals

viernes, 1 de junio de 2012

¡TE VOY A COMER!

-Cariño, déjame, por favor… ¿no ves que estoy ocupada? Anda, espera un poco.
…No sigas hombre, me vas a dejar el cuello marcado, ¡ten cuidado!, no me hagas daño.
Tras un ligero tirón de su cabellera, giró la cabeza, pero no llegó a ver a quien creyó  su marido; se le nubló la vista al tiempo que un reguero de sangre bajaba hacia el pecho.
Cuando volvió en sí, Drácula ya estaba en otro barrio de la ciudad.
Dama tocando el piano. Carl Vilhelm Holsoe.